edit. N14 Puertas Adentro

Portada: Matías Sielfeld @oyemathias

Pocas cosas en la vida generan cambios tan radicales, un antes y un después, como lo ha hecho esta pandemia. El Covid-19 no sólo es una nomenclatura que nos horroriza, que teñirá de negro el 2020 para siempre –pasando a la historia–, sino que generó en nuestras expectativas una asimetría entre lo que se proyectaba para un año prometedor y lleno de positivismo, y lo que en realidad se transformó. A la gastronomía nacional la pilló de rodillas, pues llevábamos casi seis meses de estallido social, una primera gran merma para la industria. Después de ese barrido, con locales saqueados y quemados, ahora una calamidad planetaria que encontró en Latinoamérica un foco de expansión, un caldo de cultivo particularmente multiplicador. Habrá consecuencias. Habrá, sin ninguna duda, una jibarización de los bares y restaurantes de Chile y la región. Muchos desparecerán. Y, los que resistan, se comprimirán. Los grandes restaurantes, esos de 600 metros cuadrados que atendían 250 cubiertos por turno, van a dejar de existir. La alta gastronomía y el ticket promedio alto va a desaparecer o, siendo optimistas, quedarán unos pocos, por no decir un par. Los bares de arquitectura sofisticada y gran aforo también. Porque todo cambió. Para siempre. Y tenemos que ser capaces de adaptarnos, reinventarnos, y resignarnos también. Cuando todo pase, si es que pasa rápido, la reintegración será particular: las mesas de bares y restaurantes serán mesas despejadas o desvestidas –sin saleros, sin alcuzas, con cubiertos sanitizados– y muy posiblemente recibirás un sachet con alcohol gel. No manipularás una carta, pues tendrás que escanear un código QR para verla en tu propio celular. La barra tendrá un puesto por medio. Seguramente entraremos con mascarillas y sólo las acomodaremos para comer o para que la bombilla reciclable del cocktail nos permita probar lo que el bartender preparó. Las empresas de última milla –Rappi, Uber Eats, Pedidos Ya– tendrán accesos diferenciados, de manera de no toparse con el cliente que hace la fila para entrar, con su metro y medio de rigor. Y así. Si veníamos de dinámicas individualistas, hoy esa tendencia se marcará aún más. Distanciamiento social, cero contacto, #QuédateEnCasa y muchos otros conceptos –incluso el toque de queda– llegaron para quedarse. Las reuniones por Zoom y los IG Live también. Nunca antes nos hizo más sentido el tan lejos, tan cerca. Por lo mismo, una JIGGER 100% digital, de consulta permanente y actualización semanal, tiene más sentido que nunca. Pero quedémonos con el vaso más lleno que vacío. Y que estas pantallas sean más puentes que muros. BienBebidos, entonces, a la revista más confinada [pero a la vez hiperconectada] del mundo.

Daniel Greve Schels
Director / Editor
daniel@emporiocreativo.cl


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